
Conoce aquí nuestros horarios de Semana Santa
DOMINGO DE RAMOS 29 de marzo
Misas: Sabado 20:00 hrs.
Domingo: 11:30, 13:00, 18:30 y 20:00 hrs.
LUNES 30 de marzo
Concierto "Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz"
Grupo Emsamble, Pablo Browne 19:30 hrs.
MARTES 31 de marzo
Confesiones (habrán varios sacerdotes) 17:00 a 21:00 hrs.
JUEVES SANTO 2 de abril
Eucaristia de la Cena del Señor: 19:30 hrs.
Vigilia de adoración: hasta las 24:00 hrs.
VIERNES SANTO 3 de abril
Retiro: Padre Samuel Arancibia, 11:00 a 13:00 hrs.
(Durante el retiro habrá catequesis para los niños).
Liturgia de la Pasión: 17:00 hrs.
Vía Crucis: 18:00 hrs. (trae tu vela)
SÁBADO SANTO 4 de abril
Vigilia Pascual: 20:00 hrs.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN 5 de abril
Misas: 11:30, 13:00, 18:30 y 20:00 hrs.
DOMINGO DE RAMOS
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 3-5. 14—27, 66
C. Unos días antes de la fiesta de Pascua, los Sumos Sacerdotes y los ancianos
del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, y
se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle muerte. Pero
decían:
S. “No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en
el pueblo”.
C. Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos
sacerdotes y les dijo:
S. “¿Cuánto me darán si se lo entrego?”
C. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas
buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
C. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús:
S. “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?”
C. Él respondió:
+ “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: Se
acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.
C. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer; estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les
dijo:
+ “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”
C. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno:
S. “¿Seré yo, Señor?”
C. El respondió:
+ “El que acaba de servirse de la misma fuente que Yo, ése me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquél por quien
el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”
C. Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó:
S. “¿Seré yo, Maestro?”
+ «Tú lo has dicho».
C. Le respondió Jesús.
C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo
dio a sus discípulos, diciendo:
+ “Tomen y coman, esto es mi Cuerpo”
C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo:
+ “Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza,
que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que
desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba
con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre”.
C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ “Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí. Porque
dice la Escritura:
“Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero después que
Yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea”.
C. Pedro, tomando la palabra, le dijo:
S. “Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré
jamás”.
C. Jesús le respondió:
+ “Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás
negado tres veces”.
C. Pedro le dijo:
S. “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”.
C. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
C. Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní,
les dijo:
+ “Quédense aquí, mientras Yo voy allí a orar”.
C. Y llevando con Él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a
entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:
+ “Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando
conmigo”.
C. Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así:
+ “Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga
mi voluntad, sino la tuya”.
C. Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo
a Pedro:
+ “¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni
siquiera una hora? Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación,
porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”.
C. Se alejó por segunda vez y suplicó:
+ “Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu
voluntad”.
C. Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban
de sueño. Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las
mismas palabras. Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo:
+ “Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del
hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense!
¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar”.
C. Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce,
acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos
sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal:
S. “Es aquél a quien voy a besar. Deténganlo”.
C. Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole:
S. “Salud, Maestro”.
C. Y lo besó. Jesús le dijo:
+ “Amigo, ¡cumple tu cometido!”
C. Entonces se abalanzaron sobre Él y lo detuvieron. Uno de los que estaban
con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole
la oreja. Jesús le dijo:
+ “Guarda tu espada, porque el que a hierro mata, a hierro muere. ¿O
piensas que no puedo recurrir a mi Padre? Él pondría inmediatamente a mi
disposición más de doce legiones de ángeles. Pero entonces, ¿cómo se
cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder esto?”
C. Y en ese momento, Jesús dijo a la multitud:
+ “¿Soy acaso un bandido, para que salgan a arrestarme con espadas y
palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me
detuvieron”.
C. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas.
Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
C. Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo
Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro
lo siguió de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con
los servidores para ver cómo terminaba todo.
Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra
Jesús para poder condenarlo a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de
haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron
dos que declararon:
S. “Este hombre dijo: “Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en
tres días”.
C. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús:
S. “¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?”
C. Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió:
S. “Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si Tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios”.
C. Jesús le respondió:
+ “Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al
Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las
nubes del cielo”.
C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. “Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban
de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?”
C. Ellos respondieron:
S. “Merece la muerte”.
C. Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban,
diciéndole:
S. “Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó”.
C. Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se
acercó y le dijo:
S. “Tú también estabas con Jesús, el Galileo”.
C. Pero él lo negó delante de todos, diciendo:
S. “No sé lo que quieres decir”.
C. Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:
S. “Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno”.
C. Y nuevamente Pedro negó con juramento:
S. “Yo no conozco a ese hombre”.
C. Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:
S. “Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona”.
C. Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre.
En seguida cantó el gallo, y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho:
“Antes que cante el gallo, me negarás tres veces”. Y saliendo, lloró
amargamente.
C. Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo
deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo
atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.
C. Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de
remordimiento,
devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los
ancianos, diciendo:
S. "He pecado, entregando sangre inocente”.
C. Ellos respondieron:
S. “¿Qué nos importa? Es asunto tuyo”.
C. Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. Los
sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron:
S. “No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre”.
C. Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado “del alfarero”,
para sepultar a los extranjeros. Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy
“Campo de sangre”. Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: “Y
ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado
aquel a quien pusieron precio los israelitas. Con el dinero se compró el
“Campo del alfarero”, como el Señor me lo había ordenado”.
C. Jesús compareció ante el gobernador, y éste le preguntó:
S. “¿Eres Tú el rey de los judíos?”
C. Él respondió:
+ “Tú lo dices”.
C. Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió
nada. Pilato le dijo:
S. “¿No oyes todo lo que declaran contra ti?”
C. Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado
al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en
libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso,
llamado Jesús Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido:
S. “¿A quién quieren que ponga en libertad, a Jesús Barrabás o a Jesús
llamado el Mesías?”
C. Él sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba
sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:
S. “No te mezcles en el asunto de ese justo porque hoy, por su causa, tuve un
sueño que me hizo sufrir mucho”.
C. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la
multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando
de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó:
S. “¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?”
C. Ellos respondieron:
S. “A Barrabás”.
C. Pilato continuó:
S. “¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?”
C. Todos respondieron:
S. “¡Que sea crucificado!”
C. El insistió:
S. “¿Qué mal ha hecho?”
C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:
S. “¡Que sea crucificado!”
C. Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo
traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo:
S. “Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes”.
C. Y todo el pueblo respondió:
S. “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.
C. Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo
hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
C. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda
la guardia alrededor de Él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto
rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza;
pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de Él, se
burlaban, diciendo:
S. “Salud, rey de los judíos”.
Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después
de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus
vestiduras y lo llevaron a crucificar.
C. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo
obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que
significa “lugar del Cráneo”, le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó,
pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, “los soldados sortearon sus
vestiduras y se las repartieron;” y sentándose allí, se quedaron para
custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su
condena: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Al mismo tiempo, fueron
crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
C. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:
S. “Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a
ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!”
C. De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los
ancianos, se burlaban, diciendo:
S. “¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que
baje ahora de la cruz y creeremos en Él. “Ha confiado en Dios; que Él lo libre
ahora si lo ama”, ya que Él dijo: “Yo soy Hijo de Dios”.
C. También lo insultaban los bandidos crucificados con Él.
C. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la
región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:
+ “Elí, Elí, lemá sabactaní”.
C. Que significa:
+ “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S. “Está llamando a Elías”.
C. En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre
y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le
decían:
S. “Espera, veamos si Elías viene a salvarlo”.
C. Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.
Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración.
C. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la
tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos
cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas
después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a
mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el
terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
S. “¡Verdaderamente, éste era Hijo de Dios!”
C. Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que
habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo.
Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José-
y la madre de los hijos de Zebedeo.
C. Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también
se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo
de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo,
lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se
había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada
del sepulcro, y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas
frente al sepulcro.
C. A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los
sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato,
diciéndole:
S. “Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún
vivía, dijo: “A los tres días resucitaré”. Ordena que el sepulcro sea custodiado
hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al
pueblo: “¡Ha resucitado!” Este último engaño sería peor que el primero”.
C. Pilato les respondió:
S. “Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean
conveniente”.
C. Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y
dejando allí la guardia.
Palabra del Señor
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